Proyecto Capitán Tondique: Esperanza para los desamparados, pese a la represión del Gobierno cubano

Medio siglo después del fusilamiento del Capitán Tondique, antiguo guerrillero revolucionario y luego luchador anticastrista, sus seguidores no portan más armas que el ideal humanitario, con la misión de socorrer a cientos de cubanos sumidos en el abandono.

Margarito Lanza Flores, conocido como el Capitán Tondique, primero luchó contra la dictadura de Fulgencio Batista, y luego contra la de Fidel Castro. En 1961, casi fue quemado vivo por el ejército castrista, y después fusilado, junto a otros guerrilleros.

El 27 de abril de 2013, opositores y exiliados crearon el Proyecto Capitán Tondique, con el objetivo de ofrecer un almuerzo semanal a personas mayores y a otros desamparados de Colón, en la provincia de Matanzas.

Mayra García Álvarez dijo al periodista Jorge Enrique Rodríguez que el proyecto comenzó cuando el sindicalista Iván Hernández Carrillo hizo fotos a mendigos de Colón que dormían en las calles, y después las envió a María Cama en Estados Unidos. Entonces ella propuso crear un proyecto para dar asistencia a dichas personas, gracias a la colaboración de exiliados cubanos.

De acuerdo con Rodríguez, las colaboraciones y donaciones son recolectadas por cubanos que no necesariamente sostienen un criterio político e ideológico, sino simplemente humanitario y solidario.

Represión sistemática

Obviando su importante función social, el gobierno cubano ha reprimido sistemáticamente todas las actividades caritativas del Proyecto Capitán Tondique. La policía política hostiga con frecuencia a sus activistas, a quienes acusa de «actividades ilícitas» por ofrecer alimentos a los desamparados. La casa del proyecto ha sido objeto de mítines de repudio salvajes, así como del lanzamiento de objetos, chapapote y excrementos.

El pasado mes de mayo, la policía detuvo a la Dama de Blanco Regla Burunate y a su esposo, el activista Francisco Rangel Manzano, promotores del proyecto, denunció la emisora Radio Martí.

Desde el verano de 2017, los activistas abandonaron su sede y salieron a la calle para continuar su labor humanitaria. El Gobierno arrasó el comedor social que funcionaba en la vivienda de Burunate, en la calle Mesa, esquina a Pedro Betancourt, en Colón, denunció entonces Diario de Cuba. Antes, las autoridades les habían amenazado con decomisar la vivienda.

Al tener que renunciar a la sede fija, los activistas decidieron efectuar en cajas el reparto de alimentos a los más necesitados; pero en enero de este año, las autoridades multaron a Rangel y Burunate con 2.000 pesos por el supuesto delito de «propagación de epidemias».

De acuerdo con el activista Yoandrys Gutiérrez, el Gobierno cubano se comporta «al estilo del perro del hortelano (…) No puede resolver los problemas del pueblo, ni permite que se los resuelvan otros. El Gobierno cubano no puede permitirle al pueblo sentir agradecimiento por nadie que esté fuera de la Revolución, ni se plantea la posibilidad de permitir que el pueblo decida si quiere o no ser beneficiario de alguien que esté fuera de la Revolución».

COMENTAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *